Algunos de mis amigos y familiares lo vieron a Rudy Giuliani con buenos ojos, pues consideraron que hizo a la Gran Manzana más “vivible” con su política de “tolerancia zero” a la delincuencia. Pero yo, y muchos de mis amigos y amigas, tenía otra apreciación. Lo que yo recuerdo de Giuliani fue un alcalde intolerante, abusivo, incluso autoritario. Lo que yo recuerdo de Giuliani fue acusación tras acusación de abuso policial, maltrato a los ciudadanos, incapacidad de escuchar.
Participé en varias marchas y protestas contra su administración. Uno de los más grandes sucedió en marzo 1999, cuando un joven inmigrante de Guinea, Amadou Diallo, fue asesinado con 19 balas —sí! 19 balas!— por cuatro policias del condado de Nueva York —“New York’s finest” (“lo mejor de Nueva York”), como solían referirse a la policía de la ciudad. Diallo no estuvo armado. Los cuatro policias que lo mataron decían que al acercarse a Diallo, metió la mano en su chaqueta y pensaron que estaba buscando una pistola, y lo mataron “en defensa propia”. Dispararon 41 balas —sí! 41 balas!— y 19 le cayeron al cuerpo de Diallo, matándolo instantáneamente. ¿Defensa propia? Así no.
La noticia del asesinato de Diallo fue un detonante de protestas masivas contra la administración de Giuliani, quien ya había sido ampliamente criticado por su política de mano dura en el control del crímen teñida de actitudes y prácticas racistas. Un año y medio antes, otro hecho escandalizó a la ciudad y puso en relieve el lado oscuro de la política de “mano dura” de Giuliani. En agosto de 1997, un inmigrante haitiano, Abner Louima, fue detenido y llevado a la comisaría septuagésimo de Nueva York, donde fue brutalmente torturado. Los policias lo sodomizaron con un desatascador y le causaron heridas al recto y la vejiga que le costaron dos meses de internamiento en un hospital.
Mientras algunos argumentaron que la política de mano dura contra la delincuencia de Giuliani fue la causa principal del descenso en el nivel de la delincuencia en Nueva York, otros han cuestionado ese argumento. Mejoras en la economia a nivel nacional y regional, y cambios demográficos, serían más bien los factores principales que explicarían el descenso de la criminalidad observado durante su periodo como alcalde de la ciudad.
El Uso de la Fuerza Letal
Los cuatro policías que mataron a Amadou Diallo eran miembros de la unidad “Crímenes de la Calle”, cuya tarea principal era eliminar las armas ilegales en las calles de Nueva York. (¿Si en Estados Unidos cualquiera pueda comprar un arma qué necesidad hay de armas ilegales en todo caso?) Los policias de esta unidad utilizaron pistolas automáticas que contenían 16 balas que se descargan en segundos.
En la Nueva York de Rudy Giuliani, la policía tenía que seguir ciertas reglas: se podía utilzar la fuerza letal únicamente cuando el policía creía que su propia vida estaba en riesgo. Pero, según el New York Times, “una vez que deciden disparar, están entrenados a disparar hasta parar al sujeto de causar daño. Tienen órdenes de no disparar tiros de alarma, sino de apuntar al centro del cuerpo, no a los brazos o a las piernas.”
Los cuatro policias fueron juzgados en el norte del estado de Nueva York, donde hay pocas minorías. Todos fueron absueltos, en lo que muchos consideramos una burla a la justicia. Luego los familiares de Amadou Diallo hicieron una demanda a la ciudad de Nueva York por haber violado los derechos civiles de Diallo; en marzo 2004 llegaron a un acuerdo en el cual la familia recibió tres millones de dólares, la suma más grande pagada por la ciudad de Nueva York por un asesinato de esa naturaleza.

Los padres de Amadou Diallo demandaron a la ciudad de Nueva York por violación de sus derechos civiles.
Giuilani, el autoritario, entonces y ahora
Giuliani nunca tomó en serio las protestas contra él y su política. Luego del asesinato de Diallo, el Reverendo Al Sharpton, un reconocido dirigente de la comunidad afroamericano, comenzó a organizar protestas diarias delante de la casa municipal en protesta de la brutalidad policial en la administración de Giuliani. Y el hecho es que Giuliani perdió la confianza de muchos ciudadanos que creían que sus tácticas en la política de segurdiad era contraproducente e incluso criminal, y que su incapacidad de escuchar a sus críticos reflejaba una tendencia autoritaria irremidiable.
Luego de dos periodos como alcalde de Nueva York, quiso ganarse un puesto en el Senado, pero frente a una rival popular —la Hillary Clinton— retiró su candidatura. En 2005 decidió lanzarse a la presidencia. Giuliani y algunos sectores del Partido Republicano imaginaron que sus tácticas de ‘mano dura’ en Nueva York lo catapultaría a la presidencia en 2008. Nada más lejos de la verdad, pues Giuliani fue contundentemente derrotado en la primarias (y el candidato demócrata, Barack Obama, eventualmente ganó la presidencia) y ahora ni luce en la política nacional estadonudense. Por eso, tal vez, vende sus servicios como asesor de seguridad ciudadana a candidatos a la presidencia de otros paises como Keiko Fujimori.
Interesantemente, con respecto la explosión de indignación ciudadana con la administración Giuliani frente los abusos que desenmascaron los casos de Abner Louima y Amadou Diallo, el profesor de derecho Paul Chevigny, experto en el tema de la violencia policial en las Américas, dijo al diario The Independent: “No recuerdo otro momento en que habían dos casos tan grandes de mal conducta policial en una ciudad grande al mismo tiempo. Y el caso Louima es casi sin precedente. Es como algo que escucharías en una dictadura del Tercer Mundo.” Ah, tal vez por eso Giuliani se ha asociado con Keiko Fujimori. Ambos tienen nostalgia por los años noventa.


Sinceramente, no sorprende que Keiko Fujimori busque aliarse con esta clase de sujetos para los que el fin justifica los medios.
La señora Keiko Fujimori, presentó ayer en Trujillo a Rudolph Giuliani, ex alcalde de New York (acuérdense del antentado 11-S) fue invitado por su “agrupación” para que realize unas charlas sobre el programa de seguridad ciudadana ‘Calles seguras’. Giuliani, viene precedido por serios cuestionamientos de políticas fascistoides, por decir menos, sobre su actuar como alcalde de New York; no por algo Fujimori sintió tanta empatía con él y no dudó en traerlo.
http://lamula.pe/2011/05/16/el-invitado-de-keiko-rudolph-giuliani/soloruido
Eso deben de tener en cuenta Jaime de Althaus, Pedro Salinas, Vargas, Palacios, Mariategui, Bobadilla y todos aquellos “periodistas” que apoyan abiertamente a la hija del dictador.
Para muestra un botón: Caroline, la hija de Giuliani, fue arrestada en el 2010 por robar cosméticos por un valor de $150.00 de una tienda llamada Sephora, en Manhattan. Como era de esperar, los cargos fueron desestimados y no hubo sanción alguna. Y es que el plan “tolerancia zero” fue designado para ser aplicado únicamente en contra de minorías sin recursos ni influencias (y muchísimas veces sin siquiera cometer delito real alguno)… Fascismo, corrupción, abuso, doble moral: Eso es Giuliani y eso es el fujimontesinismo.